R.E.M. deslumbro en la 2º noche del Personal Fest

4 11 2008

A base de clásicos, la banda de Michael Stipe hizo soñar a 30.000 personas con un cierre ideal del Personal Fest.

Sin mediar palabra o el típico suspenso de banda que cierra un festival, el combo Peter Buck-Mike Mills-Michael Stipe comenzó el show con el tema Living Well is the Best Revenge, primer corte de su último disco Accelerate.

Tal cual que en aquel show del 17 de enero de 2001 en el Campo de Polo, el vocalista fue acomodándose de a poco en el papel de conductor. Con su carisma e histrionismo miró fijo a la audiencia en Drive, primer clásico de la velada, de su exitoso álbum Automatic for the People.

Tras este tema, Stipe habló por primera vez con el público y, conociendo su activismo social y político, rompió el hielo para referirse a las elecciones en los Estados Unidos. “Esperamos una nueva era con Obama”, sentenció, dejando en claro su apoyo al candidato demócrata.

Desde ese momento el show comenzó a calentar el mercurio con un sonido impecable. Un imperturbable Buck en una de las guitarras y el carismático Mike Mills en el bajo, que con su sombrero de cowboy rompía la formalidad del grupo, observaban como Stipe arengaba a levantar los brazos y moverlos de un lado a otro bajo los acordes de Imitation of Life.

De repente el escenario se iluminó de azul y comenzó Everybody Hurts. En las pantallas, las imágenes en blanco y negro se esfumaban al compás de la voz de Stipe mientras el silencio del público se apoderó del show.

Otro de los hits fue The One I Love donde el público local tuvo su recompensa a tanta pasión: el cantante bajó del escenario para estar en la valla cara a cara con sus fans dejándose tocar cual mesías antes sus seguidores.

En las pantallas, antes de los bises, se veía una mano (¿la de Michael?) que anotaba: Más R.E.M.? Aguante Argentina!!!! No se escucha What???, para después dejar sonar Supernatural Superserious y dar paso al máximo himno de la banda: Losing My Religion.

El cierre del show sirvió para que Stipe se ponga anteojos y cuelgue una guitarra y así dejase sonar los últimos acoples de este sueño musical. Vaya coincidencia, la canción Losing my religion finaliza con la palabra “sueño”. O el estado R.E.M., del que luego de casi dos horas en Nuñez, despertaron 30.000 personas.

Fuente: Diario Clarín.

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