Satriani: el fuego interminable

29 07 2008

El guitarrista dio un gran show en Obras y mostró que lo suyo no es sólo virtuosismo. En un concierto demoledor, presentó su disco “Professor Satchafunkilus and the Musterion of Rock”.

Cuántos son los requisitos para que un héroe de la guitarra se mantenga vivo e interesante a lo largo de dieciocho álbumes? Al menos, tres: sentido de la melodía, calidad de expresión, y autocontención. Mientras muchos de sus colegas del Olimpo Virtuoso se dedican a insistir con erupciones volcánicas de seis cuerdas a dos manos, desparramando ceniza y chispas a la Chaitén, Joe Satch Satriani ha sabido manejar su carrera y su prestigio con infinita más sabiduría y sentimiento. De hecho, sus celebradas velocidad y destreza resultan más un condimento encantador que la razón elemental de su convocatoria; se sabe: los fuegos artificiales duran sólo un suspiro, a menos que la verdadera fiesta pase por otro lado.El 15 de julio cumplió 52 años, lleva casi treinta subido a los escenarios, y fue el profesor de algunas de las guitarras más renombradas del último cuarto de siglo (entre sus alumnos se cuentan Steve Vai, Kirk Hammett de Metallica, Marty Friedman de Megadeth y David Bryson de los Counting Crows). Pero son su notable capacidad de adaptación a varios estilos (rock, blues, jazz, hard rock, acústico, lo que fuere), y su furiosa adrenalina, las que pueden inyectar el difícil concepto de creatividad a un repertorio que, además -y está bueno señalarlo para quienes busquen el mensaje-, no cuenta ni con una sola palabra cantada.
Satriani visitó Buenos Aires varias veces como solista, pero en 2004 y 2006 eligió hacerlo como miembro de G3, el trío/dream team de maestros que él mismo diseñó en 1996 y que rota sus excelsos integrantes (aquí apareció con John Petrucci y Eric Johnson primero, y luego con Steve Vai y Robert Fripp). Este nuevo show con su propia banda es parte de la gira mundial de presentación del flamante Professor Satchafunkilus and the Musterion of Rock, pero la lista de temas incluyó maravillas de fines de los años 80 (como Ice 9, Always With Me, Always With You, Satch Boogie y Surfing With the Alien, del memorable álbum homónimo, y One Big Rush, de Flying in a Blue Dream); la exótica Time Machine (1993), canción que no suele tocar en vivo con frecuencia y que sonó espléndida y reveladora y, por supuesto, las tres magníficas: Cryin’, Summer Song (ambas de The Extremist, su gran disco de 1992) y Cool 9, de 1995, en la que el público coreó las notas como fue costumbre ricotera en los shows de Patricio Rey. No deja de tener sentido: con esa pelada y esos anteojos negros, Joe Satriani luce idéntico a un impensable Indio Solari guitarrero.

A lo largo de dos horas de artillería pesada, las cabezas comienzan a achicharrarse. Sin embargo, apenas asoma en el oyente la necesidad imperiosa de incinerar todas las guitarras del mundo y cambiarlas por una pandereta, Satriani crece y crece en intensidad emocional y sutileza. Los estudiosos y académicos del instrumento tuvieron su clase magistral con uno de los maestros más reverenciados del planeta. El resto, los que no tocan nada, tuvieron que tocarse el corazón para volver a ponerlo en su lugar.
 

 

Fuente: Diario Clarín. 

Acciones

Information

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: