Megadeth: La filarmonica del colorado Mustaine en Buenos Aires

4 06 2008

El grupo liderado por Dave Mustaine volvió a dar una cátedra de heavy metal antes un Luna Park repleto.

Dave Mustaine no ahorró esfuerzos para desgastar la leyenda de Megadeth. Las ediciones del anémico Risk (1999) y el intrascendente The World Needs a Hero (2001); el raje por acción u omisión a Nick Menza, Marty Friedman y David Ellefson -la mejor formación de Megadeth y una de las mejores de la historia del metal-; los repetidos anuncios de retiro; y esa suerte de puerta giratoria de nuevos integrantes que aplicó en esta última etapa de la banda, parecen la mejor campaña de antimarketing del mundo. Uno puede enojarse, cansarse o decepcionarse con Mustaine. Seguramente no faltarán motivos. Pero cuando toca en vivo indefectiblemente te va a patear el culo. Aunque la formación del momento incluya a tu abuela sorda, tu tía con artritis y tu hermana de 2 años.

El guitarrista y cantante protagonizó otro desembarco en Baires, esta vez ante un Luna Park exultante. El Colorado salió con la consigna de no tomar prisioneros y le pasó por arriba hasta al más escéptico. Una fulminante tanda que incluyó “Sleepwalker” -del reciente United Abominations (07)- y los megaclásicos “Wake up Dead”, “Take no Prisioners” y “Skin O’my Teeth”, inyectó dosis de adrenalina irresistibles y le dieron la batalla por ganada sin necesidad de disparar ni un solo tiro. Shawn Drover (batería) y los más nuevos James LoMenzo (bajo) y Chris Broderick (guitarra) revivían viejas y nuevas gemas metálicas con esmero y respeto por las versiones originales, mientras trataban de entender la locura que Megadeth desata en el público argentino.

El ex Metallica es uno de los cantantes más absurdos del metal. Su voz resuena como una mezcla de un chirrido de puerta sin aceite y el Gollum de El Señor de los Anillos con bruxismo -rara vez abre realmente la boca-. Pero escupe cada palabra con tal convicción que conmueve a propios y ajenos desde hace más de 20 años. Incluso hoy se le puede encontrar un beneficio extra: los chirridos no dejan entrever fácilmente el paso del tiempo -David Coverdale sufrió todo lo contrario hace unas semanas-. A esta altura Mustaine cuenta con un arsenal irresistible de hits / grandes momentos que derriten a quién se les enfrente. “In My Darkest Hour”, “Hangar 18”, “Tornado” y “Sweating Bullets” redondearon un festival de riffs, cortes, solos y licks. En “A Tout le Monde” Broderick disfrutó de un breve espacio solista en el que tocó fragmentos del himno argentino, lo cual encendió todavía más al respetable -todo un tema para analizar el nacionalismo de salón que agita determinada parte del público-.

“Olé, olé, olé, olé, Mustaine, Mustaine”, aclamaba el público cada vez que se colaba un silencio y el cantante y guitarrista disfrutaba de su virtual localía con la mejor onda. En seguida vendrían la inigualable “Symphony of Destruction” -para los neófitos, el “Jijiji” de Megadeth, sí el de “¡¡¡Megadeth, Megadeth, aguante Megadeth!!!” estruendoso-; “Trust” -con unas estrofas en castellano de las cuales se entiendo nada y nada-; “She Wolf” y “Peace Sells”, con una parte de la iniciática “Mechanix” en el medio. Despedida oficial, luces afuera y todo el estadio esperando un solo bis: “Holy Wars”. Mustaine y los suyos volvieron al escenario sin dejar espacio a la histeria y acometieron con una versión cruda -algo más desprolija de lo habitual- del mega clásico de Rust in Peace (1990). Habían pasado dos horas de despilfarro de riffs, solos y palabras masticadas. Un broche de oro para un show de la misma calidad. Pasan las modas, las tendencias, la era de los videos, del CD y hasta pasará el reinado del MP3. Pero Megadeth y Mustaine, al menos en vivo, siguen disfrutando de una rabiosa actualidad.

Fuente: RollingStone

La banda de Dave Mustaine, cada vez más local en la Argentina, dio una clase magistral de heavy metal.

La Argentina adora a Megadeth? Bien: es cierto que los Megadeth fueron adoptados en este país con tal devoción que -todos coinciden- este amoroso fenómeno podría catalogarse como verdadera rareza histórica. Luego de la friolera de catorce años de visitas, Megadeth terminó rebautizado como Megadé; Dave Mustaine (46), su líder, pasó a ser El Colo, y hasta Trust, la canción de amor de Cryptic Writings, mereció una muy opinable versión en castellano.

La realidad es otra: “la Argentina” adora específicamente a Dave Mustaine. Toque con quien toque. Dave cambió casi veinte músicos en un cuarto de siglo, y se despidió y regresó tantas veces como Los Chalchaleros. De hecho, el Megadeth que ayer y anteayer llenó dos sudorosas Luna Park no es el que estuvo aquí la última vez, en 2005, cuando su tremendo show en el Pepsi Music valió tanto la pena como para grabar el DVD/CD Aquella noche única: en vivo en Buenos Aires. James MacDonough ya no está: el nuevo bajista es el huracán James LoMenzo (a juzgar por su aspecto, no se recomiendan bromas mexicanas con su apellido). Y tampoco vino Glen Drover (hermano del batero Shawn): desde hace cuatro meses la otra guitarra es Chris Broderick, una especie de George de la Selva pero con medio metro más de cabellera.

¡Bienvenidos a la casa de Megadeth! Con el logo gigante del grupo y una medianera de Marshalls como toda escenografía, Mustaine, sus músicos y sus fans dieron cátedra, todos juntos, de cómo debe hacerse un show de metal: pogos candentes, remeras en mano; los riffs coreados nota por nota. Todos los de abajo están sin aliento, y aún así gritan con toda la voz. Demoledora, impecable e implacable, la banda arrancó a las 21.15 con un sonido saturado y sucio que fue mejorando a partir del tercer tema y, ya agradable y prístino, a las 22.40 alcanzó un volumen que forzó a los presentes a comunicarse a los gritos hasta la mañana siguiente. La banda abrió con United Abominations, del nuevo disco que pone el foco en contra de la política exterior norteamericana. “Ustedes saben que habrá un cambio de presidente en los Estados Unidos…”, gritó Mustaine en inglés. “¡Eso es lo que necesitamos, un cambio!”.

Antes y después, llegó el esperado repaso de lo que siempre hace falta escuchar, incluidos el tándem infalible de Sweating Bullets y Symphony of Destruction (1992); She Wolf (1997), los letales Wake Up Dead, Darkest Hour y Peace Sells, de los años 80, y también la celebración comunal de A Tout Le Monde, luego de lo cual Chris de la Selva ejecutó los acordes del Himno Nacional Argentino.

Cuando a las 23 se abrieron las puertas de salida, decenas de miles de personas salieron a la calle boqueando, desarmadas. Pero a camarines volvieron cuatro tipos enteros que, luego de haberse quemado los dedos a 80 km/h durante 19 temas terribles, lucían como si dijeran: “Bué, me voy a cortar el pasto”. Eso es metal.

Fuente: Clarin

Anuncios

Acciones

Information

One response

29 08 2009
natalia

mustaine es un geniooo grosoooooooo!!!!!!!!!!!!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: